Venezuela tiene derecho a ser feliz

Reitero, no me importa quién detente el poder “gubernamental”, mientras lo haga bien.

Una vez todo limpio y transmutado, aún cuando en la práctica hay gente borracha de ira unos, y de alegría otros, es preocupante observar la forma e intensidad de tanto descontento por ausencia inmediata de una mejor calidad de vida para la gran mayoría de los venezolanos.

Ocho días es mucho tiempo para gente tan desesperada, hambrienta y deseosa de encontrar lo que no tienen y tanto necesitan, mientras, según vemos en las calles, lo qué hay es mucha arrechera.

Nosotros pertenecemos a ese ínfimo porcentaje que renunció desde hace algún tiempo a los programas televisivos y redes sociales en busca de polémicas, lloriqueos y discordias, para adentrarnos aún más en la espiritualidad, pero, observando personal y físicamente nuestros compatriotas que aún habitan en nuestro país; sin aislarnos de aquellos que por cualesquiera razones escogieron cruzar las fronteras. No hay críticas al respecto, ni a ningún otro respecto, salvo a quienes tienen los timones a su cargo.

Es tarde hermanos míos, recuerden, hay hambre, hay falta de medicamentos, hay muchas necesidades y no todos tenemos la fortaleza mental, física y espiritual para soportar la pesada carga, en base a todo ello, hay que sin más preámbulos, celebraciones, o pésames y amarguras, ponerse a trabajar, manos a la obra, sin guerras, sin insultos, sin reconcomios.

Latente en la calle está la falta de dinero efectivo y sus consecuentes largas colas en bancos estatales y en puerta está un temeroso aumento de pasaje del transporte público que ya asomó sus tenebrosas garras para nuestros trabajadores más humildes (obreros mayormente).

Sin quejas, ni reclamos y mucho menos pesimismo, al contrario, vamos “manos a la obra”, a resolver los problemas existentes para esa gran mayoría y lo más importante, sin perjudicar a la clase media que es tan perseverante, emprendedora, trabajadora y no menos lastimada social, económica y psicológicamente.

El poder es para ayudar y para hacer feliz a la gente, nunca para alimentar los egos y aplaudir. Nuestra Venezuela no necesita más pesimismo ni amarguras, no, no le sigamos el juego a la fatalidad, ni a los fatalistas. A Venezuela hay que echarla adelante y hacer que los venezolanos no aplaudan, bailen y sonrían (de forma ficticia o superficial), pelando los dientes, esas dentaduras primero las deben utilizar para masticar sus alimentos y sonreír desde el alma, desde la calma de sus mentes, sin angustias, sonreír desde el estómago, desde el hígado, con un organismo sano, sin tanto desgaste.

Venezuela tiene derecho a ser feliz, trabajemos en silencio, sin alardes, a la altura de Dios por y para los VENEZOLANOS.

Namaste,

Virginia

La gran Invocación

Desde el punto de Luz en la mente de Dios, que fluya luz a las mentes de los hombres; que la luz descienda a la tierra.

Desde el punto de amor en el corazón de Dios, que fluya amor a los corazones de los hombres; que Cristo retorne a la tierra.

Desde el centro donde la voluntad de Dios es conocida, que el propósito guíe a las pequeñas voluntades de los hombres; el propósito que los maestros conocen y sirven.

Desde el centro que llamamos la raza de los hombres, que se realice el plan de amor y de luz y selle la puerta donde se halla el mal.

Que la luz, el amor y el poder restablezcan el plan en la tierra.

Amén 🙏🏻